¡Puertas!, ábranse de par en
par; que se agranden los portones eternos: va a entrar el Rey de
Attóllite
Oremos:
Dios nuestro, que al ver al ser humano caído y condenado a muerte, quisiste
rescatarlo con la venida de tu Hijo; concede a cuantos creemos en el misterio
de su Encarnación, participar algún día de su vida inmortal. El, que vive y
reina contigo...
Amén.
Ana dio gracias por el nacimiento de Samuel
Lectura del primer libro de
Samuel
1, 24-28
En aquellos días llevó Ana a
Samuel a la casa del Señor en Siló, y llevó también
un novillo de
tres años, un costal de harina y un odre de vino. Samuel era pequeño. Mataron
el novillo y
presentaron el niño a Elí. Ana dijo:
"Escúchame, Señor: te juro por mi vida que yo soy la mujer que estuvo
junto a ti, en este lugar,
orando al Señor. Este es el niño por el que suplicaba, el Señor me lo ha
concedido; por eso
ahora yo se lo ofrezco al Señor, para que le quede consagrado de por
vida".
Y adoraron allí al Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
1 Samuel 2
Mi corazón se alegra en
Dios, mi salvador.
Exsultávit cor meun
in dómino salvatóre meo.
Mi corazón se alegra en el
Señor, en Dios me siento yo fuerte y seguro. Ya puedo responder a mis
contrarios, pues eres tú, Señor, el que me ayuda.
Mi corazón se alegra en Dios, mi salvador.
Exsultávit cor meun
in dómino salvatóre meo.
El arco de los fuertes se ha
quebrado, los débiles se ven de fuerza llenos. Se ponen a servir por un
mendrugo los antes satisfechos; y sin tener que trabajar, pueden saciar su
hambre los hambrientos. Siete veces da a luz la que era estéril y la fecunda,
ya dejó de serlo.
Mi corazón se alegra en Dios, mi salvador.
Exsultávit cor meun
in dómino salvatóre meo.
Da el Señor muerte y vida, deja
morir y salva de la tumba; él es quien empobrece y enriquece, quien abate y
encumbra.
Mi corazón se alegra en Dios, mi salvador.
Exsultávit cor meun
in dómino salvatóre meo.
El levanta del polvo al
humillado, al oprimido saca de su oprobio, para hacerlo sentar entre los
príncipes en un trono glorioso.
Mi corazón se alegra en Dios, mi salvador.
Exsultávit cor meun
in dómino salvatóre meo.
Aleluya, aleluya.
Rey de las naciones y piedra angular de la Iglesia, ven a salvar al ser humano,
que modelaste del barro.
Rex géntium et lapis
anguláris Ecclésiæ: veni, et salva hóminem quem de
limo formásti.
Aleluya.
Ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede
† Lectura del santo Evangelio según
san Lucas
1, 46-56
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, María dijo:
"Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi
salvador, porque puso sus
ojos en la humildad de su esclava. Desde ahora me llamarán dichosa todas las
generaciones,
porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede.
Santo es su nombre, y su misericordia llega de generación en generación a los
que lo temen.
Ha hecho sentir el poder de su brazo: dispersó a los de corazón altanero,destronó a los
potentados y exaltó a los humildes. A los hambrientos los colmó de bienes y a
los ricos los
despidió sin nada.
Acordándose de su misericordia, vino en ayuda de Israel, su siervo, como lo
había prometido a
nuestros padres, a Abrahán y a su descendencia, para siempre".
María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Confiados, Señor, en tu misericordia,
venimos a tu altar con nuestros dones, a fin de que la
celebración de esta Eucaristía nos purifique de nuestros pecados.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
La doble espera de Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias
siempre y en todo
lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor
nuestro.
A quien todos los profetas anunciaron, la Virgen esperó con inefable amor de
madre, Juan lo
proclamó ya próximo y señaló después entre los seres humanos. El mismo Señor
nos concede
ahora prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento, para encontrarnos
así, cuando
llegue, velando en oración y cantando su alabanza.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin
cesar el himno de
tu gloria:
[Misa]
Proclama mi alma la grandeza
del Señor, porque ha hecho en mí maravillas el Todopoderoso.
Magníficat ánima mea Dóminum,
quia fecit mihi magna qui potens est.
Oremos:
Que la recepción de este sacramento nos dé fuerzas, Señor, para prepararnos a
la venida de
nuestro Salvador con la práctica de las buenas obras y podamos así alcanzar el
premio de la
felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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